Eran alrededor de las 10:00 a.m. y después del incidente con
el joven híbrido, aún siendo su nombre desconocido para mí, nos encontrábamos
en la puerta de mi departamento.
El joven no reaccionaba aún, cubierto con aquellas sábanas
blancas, observaba confundido sin saber porque nos habíamos detenido. Allí fue
cuando volteó a verme, parecía molesto.
Lo observé un tanto confundido. No tenía razones y debía agradecer que me estaba
haciendo cargo de él… eso pensé hasta recordar el “Por qué” me estaba haciendo
cargo. Suspiré y negué con ligereza, quitando la llave del auto.
-Vamos, hay que bajar ahora…-Al instante se negó y
permaneció allí sentado, enrollado en aquella tela extensa y blanca. Otra vez
las cosas se dificultaban.
Suspiré mientras me quitaba el cinturón, acto seguido quité
el del chico a mi lado que aún parecía no entender el sistema de seguridad de
un automóvil.
- ¿Tienes hambre?
-Cuestioné, ya que no veía otra forma de captar su aceptación. Fue en
ese momento en el que el contrario asintió y al cuestionarlo una vez más con
una simple pregunta; “¿Quieres que haga
algo de comer? “, el chico se acercó a mí como inspeccionándome. No sabía que
quería exactamente, pero me quedé estático al instante sin necesidad de banas
advertencias.
Tragué saliva al
sentir la respiración opuesta contra mi
cuello, desde arriba hacia abajo. Mi piel se erizó por inercia, sintiéndome
incómodo, nervioso e incluso un tanto confundido. ¿Confundido? ¡Eish! Despierta
Yoochun.
En aquel momento, al
haberse arrodillado en una posición cuadrúpeda por entremedio de los asientos
del vehículo mientras continuaba olfateando aquella depresión que formaba mi cuello y mi hombro, denoté cómo las
sabanas que cubrían al chico descendían lentamente dejando su cuerpo
expuesto. Fue entonces así, cómo dio
lugar al debelo de la sábana, que cubrió parte de su asiento y de la alfombra
del auto. Se acercaba más a mí.
En cuanto el chico se movió pude notar como su parte trasera
yacía completamente al descubierto, tan solo llevaba aquella bata quirúrgica
que suelen dar en los hospitales o pruebas, de un material ligero. Aún así, con
tan solo observar su cintura alzada un ligero cosquilleo me invadió… prefiero
no explicar dónde fue que lo hizo.
No obstante a pesar de dichas acciones, algo me dejó
atónito… y fue allí donde entendí la
diferencia. De repente, una pequeña cola se alzó por la zona de su coxis. “¿Una
cola?” Pensé.
Aquella extensión de su cuerpo parecía más bien de un
recorte en forma de “Pica” y no es que sea aficionado a las cartas, tan solo es
lo que pude asociar en aquel momento...
Poseía una tonalidad entre color marrón y canela, mientras
aquella parte interna de la misma era de un color blanco intenso, incluso
parecía el más intenso que jamás había visto… como el de un pequeño conejo.
¿Qué estaba pasando por la cabeza del joven aún incógnito? O
más importante… ¿Qué estaba pasando por mi cabeza? Con tan solo pensarlo pude
sentir un ligero escalofrío recorriéndome de arriba abajo sin remordimientos.
Noté como despertaba
de aquel shock de una forma repentina, al momento en el que el contrario
presionó una de mis piernas con su mano al ejercer fuerza con su peso.
Por un momento lo observé a los ojos y ambos cruzamos la
mirada… el chico no parecía inhibido, y lo que creía era aún más trágico, yo era
quien sentía la urgencia de terminar con aquel contacto visual… Maldición, ¿Qué
me pasa?, pensé una vez más y cuando quise darme cuenta, divagando entre toda
clase de incertidumbres, de repente el
chico se hizo hacia atrás como si estuviese esperando por algo. Titubeé
pero preferí no cuestionar sobre lo recién sucedido... parecía inmutado por
haberse mostrado de esa forma, y a pesar de que no pude ver nada con claridad,
aún sentía aquella puntada en varias partes de mi cuerpo.
-T-te haré algo de comer –Con rapidez bajé del auto y
suspiré, desabrochando mi camisa, al menos hasta el tercero de los botones. Él
continuaba allí mirándome, sentado ahora como un pequeño felino, pero no lo
era… no, claro que no… ¿Se trataba de un niño-alce? Reí con levedad por un
segundo, aunque sin saber si lo hacía por nervios o por simple necesidad.
Lentamente me dirigí hacia la puerta del departamento para
abrir la misma, girando mi vista luego hacia el automóvil. El chico intentaba
salir del auto de forma un tanto torpe, mordí mi labio inferior para no reír y
me acerqué.
-Ven…- Extendí mi mano y me sorprendí al ver que cómo se
negaba, al parecer era bastante arisco.
Me pregunté si se trataba de una típica relación humano-animal,
o si acaso algo interfería en dicha definición. Por ahora, todo parecía incluso
más que natural, era como un cachorro de animal doméstico, pero aún así debía
recordar en qué situación me encontraba, y que la misma no era nada fácil.
Procedí a acercarme para finalmente adentrarme con lentitud
al auto, viendo como se retraía a medida que extendía ambas manos hasta su
cuello, me percaté de que estaba asustado cuando vi aquella impresión en su
rostro, y simplemente forcejeó con ligereza. No había razón.
Con lentitud tomé los bordes del collar que rodeaba su
cuello con aquellos caracteres “06-B” grabados en él, finalmente retirándolo.
Me observó y posó una de sus manos en la zona antes afectada por dicho collar. Luego
dejé el accesorio a un lado y me retiré lentamente para detenerme en la puerta
nuevamente, observando desde allí al joven, invitándolo a pasar.
Como si se tratara de algún hecho inédito, observé como el
“niño-alce” salía con cuidado y a la deriva del automóvil.
Sus manos se empuñaban en la parte inferior de su bata para
así cubrir sus partes delanteras, caminando rápidamente y descalzo, se acercó a mi observándome como en
una especie de “permiso”, aunque segundos después y sin decir nada, se adentró
en mi casa.
Pude notar cómo su parte trasera quedaba al descubierto por
el diseño de aquella bata hospitalaria. Mi vista quedó tildada en aquella
pequeña cola una vez más… No podía creer lo que estaba observando, pero luego
de una pequeña sacudida y tras cerrar la puerta del auto, me abrí paso al
departamento y finalmente me adentré en él.
Me preguntaré una y mil veces, ¿En qué te has metido Park
Yoochun? Maldije a mi hermano por un momento, pero aún me sentía culpable por
los hechos.
-¿Qué quieres comer?
El joven moreno
permanecía observando todo de forma constante sin contestar, aún
cubriendo su zona baja con la prenda mientras caminaba con lentitud por el
living, que quedaba continuo a la entrada.
Yoochun seguía sus pasos, esta vez, cruzando sus brazos por
sobre su abdomen mientras con su diestra cubría sus propios labios conteniendo
una pequeña risa al ver cómo el contrario observaba todo entre impresionado y
curioso. Realmente no tenía idea del porqué se comportaba así pero tras la
inmutación del híbrido luego de su última pregunta, el joven científico suspiró
y decidió ingeniárselas para deducir en resumen, qué podía ingerir su nuevo
huésped. Sin más se dirigió hasta la cocina.
Por otra parte, aún con lentitud y total percepción de los
movimientos, el joven híbrido se
desplazaba por el living, observando algunas esculturas que Yoochun poseía, y alguno
que otro cuadro.
De pronto, el híbrido de cabello oscuro fijó su vista en un
mueble, pero no era un mueble que solía verse con frecuencia. Se trataba de una
biblioteca que abarcaba toda una pared desde el techo hasta el suelo,
completamente ocupada por libros de diversos tamaños y contenidos. Libros que
implicaban la instrucción de la carrera que Yoochun ejercía, tal vez algunos con
temática policial y otros con simple contenido irrelevante. Se acercó allí al instante y con lentitud
aunque un tanto dubitativo mientras sus ojos se abrían observando los colores
de los diversos libros que yacían allí.
Extendió una de sus manos hacia uno de los mismos, pero se
retractó de forma inmediata y casi de forma vulnerable al escuchar como Yoochun
llamaba su atención en un corto y preciso “Tch!”
-¿Qué haces? –Sonrió de forma divertida y expectante
mientras se acercaba al joven con una taza de café en sus manos y algunas
galletas en un pequeño plato. Durante los minutos que Yoochun meditó en la cocina, dedujo que a pesar de no
saber con detalle las preferencias y gustos del híbrido, nadie en el mundo
podía negarse a un café con galletas ¿No es así? Pensó Yoochun por un momento
antes de hablar una vez más mientras observaba al joven que ahora daba la
espalda al gran y abarcativo mueble. – Ven. –Le indicó con una pequeña sonrisa
el pelinegro de cabello corto mientras se aproximaba a la mesa de vidrio a un
lado del living, dejando allí la taza del café y el plato de galletas.
Repitiendo una de las escenas anteriores, Yoochun tomó una
galleta comenzando a comer con naturalidad mientras reposaba uno de sus brazos
sobre la mesa y a la vez recostando su mentón sobre la palma de su mano.
Continuaba observándolo como si buscara descifrar sus pensamientos.
-¿No sabes hablar? –Le cuestionó mientras aún permanecía
observándolo con calma, sonriendo al notar como el chico se acercaba tomando
asiento lentamente. El hibrido también observó los movimientos de Yoochun al
mismo tiempo, y asomó su nariz a la taza de café para luego repetir la acción
con el plato de galletas.
¿No parecía querer responder? ¿O realmente no sabía de qué
se trataba el dialecto? Pero aún así el científico no parecía querer ceder a la
posibilidad. Debía encontrar la forma de hacerlo hablar, y a pesar de que el
chico estaba reaccionando de forma satisfactoria con respecto a lo sucedido,
parecía negarse al diálogo y aceptar
medianamente el contacto. Yoochun resopló revolviendo sus cortos cabellos
precediendo a extender su brazo sobre la mesa de repente. El chico que aún
yacía con el cabello despeinado reaccionó hacia atrás con una de las galletas
entre sus manos, abriendo sus ojos por demás mientras observaba la mano
contraria la mesa un tanto reclinado.
En aquel momento los planes de Yoochun solo eran estudiarlo
para encontrar la forma de poder comunicarse con él sin que le pareciera
agresivo o hasta entonces, que el chico no lo encontrara como una amenaza, a
pesar de que lo sucedido previamente en la cámara de pruebas hubiese restado
varios puntos en la confianza que respectaba a su actual relación.
-¿No quieres el café? –Preguntó Yoochun y el joven lo observó por algunos simples segundos, volviendo luego
su respingada nariz hacia la taza, sintiendo el aroma del café más sin
atreverse a dar un trago. El científico una vez más suspiró y con su mano aún
extendida sobre la mesa, tomó la taza para acercarla a sus gruesos labios, tomando
un pequeño sorbo de café. Luego extendió una vez más la taza hacia el chico
para así denostarle que nada estaba fuera de lugar.
Ya eran alrededor de la 1:30 pm y Yoochun no había logrado
si quiera arrebatarle una palabra. No sabía su nombre, su origen preciso, su
edad y menos aún creía que podía obtenerlo de sus labios.
Dado aquel hecho, prefirió no forzar al joven ya que
observándolo desde otro punto de vista, no debía ser nada fácil para él, y de
hecho no lo era.
Aquel chico que resultaba ser una enorme incógnita,
permanecía ahora en confianza mientras se alimentaba y bebía café de una forma
un tanto extraña al intentar no quemarse con dicha sustancia. Debes en cuando
su mirada se fijaba en el contrario de pelo corto para controlar sus
movimientos con un toque de curiosidad y también de cautelosa precaución.
Finalmente y al percatarse de la actual situación, Yoochun
decidió abandonar el lugar para internarse en un pequeña habitación a un lado
de su cuarto, a la cual llamaba “oficina”. Una vez allí, tomó asiento detrás
del escritorio.
Aún debía probar que
no estaba equivocado con toda la investigación que había llevado a cabo a lo
largo de todos estos años, y además demostrarle a su padre que no era necesario
aquel tipo de prueba… Después de todo aún se preguntaba qué eran los “híbridos”
y cómo era que habían logrado poblar parte de su país, ya que al parecer era el
único caso conocido en el mundo (Al menos a nivel público) y se sumaba el hecho
de que la comunidad Coreana, deseaba ocultarlo y negaba remotamente a tales seres como parte de la sociedad.
¿Por qué? Era la pregunta. Al parecer Yoochun tendría días y
días de investigación con respecto a eso, ya que su padre no decía más que las
típicas frases repetidas por los individuos del país;” Son un error”, “No son
parte de nosotros”, “Son solo animales”.
El científico se concientizó más en aquel momento que nunca del
sometimiento de la raza humana hacia la animal, y por sobre todo hacia los
sectores más bajos. Allí fue cuando la culpa lo invadió nuevamente, con el tan
solo recordar aquel suceso en el experimento, la tortura que aquel chico había
tenido que pasar… No dejaban en paz su conciencia.
Mientras tanto el sujeto clasificado por los científicos
como “06-B”, dejaba el café a la mitad de la taza para seguir los pasos del
dueño del lugar, escuchando como una puerta se cerraba a metros de él en
aquella “oficina” privada. Volteó y observó la extensa cama que ocupaba lugar
en el medio de la habitación, con cobijas color blanco y algunos diseños en
gris. La ventana que abarcaba casi toda una de las paredes, comenzando a pocos
centímetros del techo hasta el suelo y
finalmente cubiertas con extensas cortinas blancas.
Era una tarde en la que el sol podía hacer notar su
presencia sin algún excesivo comentario y el chico aún con aquella bata
quirúrgica tapando gran parte de su cuerpo, gateó con lentitud sobre la cama
con una expresión claramente curiosa, mientras escuchaba el canto de los
pájaros al otro lado de la ventana.
El armario que yacía habitación era de un tamaño inmenso, y
probablemente con una cantidad de prendas inimaginables para un individuo de la
clase media. Pero eso no parecía llamarle la atención al moreno, sino aquella pequeña mesa de noche a un lado de la
cama o más precisamente aún, el pequeño recipiente de cristal que disponía de
aproximadamente la cantidad de un puñado de dulces. Los cuales Yoochun solía
dejar a su propia merced en las noches en las que se hundía profundamente en
cualquiera de los libros que poseía en aquella biblioteca antes mencionada.
Sin siquiera pensarlo dos veces, el híbrido alzó su pequeña
cola de reno al estar interesado y dándole la espalda a la puerta donde
rescindía en aquel momento el joven estudioso, husmeó en la pequeña cajita de
cristal llenándose la boca diversos dulces de diferentes sabores.
Yoochun aún permanecía sumergido en miles de pensamientos y
controversias que claramente no podrían responderse solas y menos al mismo
tiempo. En aquellos momentos en los que necesitaba expresar diversos puntos de
opinión y teorías, atinaba a escribir hojas y hojas de ensayos. Y en aquel
momento, debía sacar provecho de su profesión y de lo que sus estudios habían
cosechado, no obstante nunca podía faltar una taza de café.
Por lo tanto se dispuso a salir de su oficina un tanto
hiperactivo y fue allí cuando vio al
pequeño chico mitad reno con parte de su intimidad expuesta. Yoochun
tragó saliva sin saber exactamente que decir y con un ligero rastro de temblor
en su voz, exclamó;
-¡Hey! ¡¿Q-qué haces?!
De repente el chico que en aquel momento había sido
descubierto en ‘ultraje’, volteó con sus mejillas llenas de forma acelerada,
provocando de esa manera que bajara
atolondradamente de la cama, llevándose consigo la caja de cristal al suelo,
terminando por romperse. Aquel sonido hizo que el joven híbrido se espantara
acorralándose contra la pared tras retroceder mientras permanecía sentado en el
suelo observando a Yoochun realmente asustado.
Yoochun lo observó con el ceño fruncido y se acercó hasta
él. ¿Pero qué podía decirle? claramente había sido un accidente y no pretendía culparlo,
tampoco tenía por qué hacerlo ni se sentía en derecho de reprenderlo. Dio tan
solo algunos pasos hasta encontrarse frente al joven en el suelo y antes de que
pudiese arrodillarse a su mismo nivel, el moreno comenzó a temblar, pudiéndose
notar como sus ojos se volvían cristalinos y sus piernas acompañaban aquel
temblor que se esparcía por su cuerpo hasta su mandíbula, como si estuviese
viendo algún tipo de fantasma o demonio.
Nuevamente el morocho de cortos cabellos se sorprendió ante
la reacción ajena, comenzando a juntar los pequeños trozos de cristal, para
poder dejarlos sobre la pequeña mesita de noche. Luego volvió su vista hacia el híbrido, quien continuaba apegando su
espalda contra el rincón de la habitación, queriendo escapar de aquella
situación.
-Tranquilo…- Murmuró Yoochun en un tono calmo para poder
transmitirle aquella sensación al contrario, por lo que extendió su brazo hacia
él con lentitud sin ningún movimiento brusco hacia una de las rodillas ajenas.
- A-a...anny… -Tembló el joven híbrido en un suave sollozo
comprimiendo su cuerpo lo más que pudo mientras cubría su propio rostro con
ambos brazos-

ohhh que tiernos sonnnn aun si min no puede hablar chunnie oppa enséñale no seas maloso amor lo merece ahora estoy mas confundida amor que es???? me refiero a que hibrido es al principio pensé que era un neko pero mi opinión cambio un poco responde sipppiii
ReplyDeleteme gusta tu fic sigelo escribiendo porfa