Wednesday, June 19, 2013

Capitulo 3

Habló, por fin había hablado y en algún punto pude sentirme realizado, más aquella vana sensación no duró mucho en cuanto me percaté de la expresión que predominaba en el rostro del joven frente a mí, técnicamente rogando por piedad en una situación como esa en la que ambos éramos abrazados  por una karmática confusión.

Tragué saliva, en aquel momento cuando la culpa me apuñaló por la espalda una y mil veces más en cuestiones de segundos mientras no sabía qué hacer exactamente, tan solo lo observaba y el joven temblaba como si intentara adivinar mis movimientos

- No es nada grave… ¿Está bien?  No voy a hacerte nada malo… ¿Cuál es tu nombre? – Creí que aquel momento había sido el perfecto para obtener  una respuesta finalmente, pero el joven volvió a negarse y retraerse al mismo tiempo.

Suspiré y observándolo con fijeza le hablé una vez más.

-Mi nombre es Yoochun… Park Yoochun –Murmuré sintiéndome un tanto preocupado por sus razones-  ¿Por qué no puedes decirme tu nombre? –Le insistí una vez más y el contrario simplemente ladeó su mirada con una afligida expresión en el rostro.

Me sentía realmente frustrado al no poder comprender cuales eran las razones que llevaban a aquel chico a actuar de aquella forma. Es decir, estaba consciente de que los hechos anteriores no me posicionaban en el lugar de ‘la mejor persona’, pero por alguna razón, presentía que la causa de sus reacciones iban muchos más allá de mis actitudes.

Por lo general no me describía como una persona que solía confiar plenamente en los demás, mis amigos alcanzaban a ocupar menos de cinco dedos de mi mano y estaba orgullo de eso, ya que como bien dice aquella moraleja “Calidad, no es cantidad”.

Pasaba casi todos los días de mi vida (además de mantener parte de mi mente en el trabajo), saliendo y divirtiéndome en diferentes tipos de clubes o bares, dependiendo de mis necesidades.

Como creo haber mencionado antes, las mujeres eran un vicio del que jamás podría deshacerme y por lo general solía llevar una que otra chica a mi casa en la noche… Creo que no es necesario especificar para qué ¿Verdad? Aunque después de todo siempre fui cuidadoso con cualquier tema que pudiera llegar a producir secuelas… y cuando digo secuelas me refiero a cualquier tipo de secuelas… Desde una enfermedad hasta un embarazo.

Por un momento sentí que la situación que estaba viviendo allí volvería mis días de tranquilidad y diversión en días de responsabilidad y aburrimiento. Tan solo esperaba poder resistir todo aquello, y más que nunca entendí las razones de mi hermano y el por qué de la aceptación de mi padre… Enserio ¿Tan tarde comprendí de que se trataba?

Bufé y observé al chico una vez más, sintiendo como la responsabilidad me abrumaba de una forma que jamás había experimentado, o que al menos había ignorado todo este tiempo. Relamí mis labios y aclarando un tanto mi garganta, me dispuse a explicarle al pelinegro frente a mí la situación que viviríamos de ahora en más.

-Oye… No tienes por qué temer ¿Comprendes? Vivirás conmigo de ahora en más… Quiero ayudarte, pero no puedo hacerlo si ni siquiera puedo comunicarme contigo… -“Lo dije” Suspiré un tanto aliviado para mis adentros.

El joven híbrido me miró, y pude saber en el mismo momento que comprendía bien cada palabra que había salido de mi boca. Fue entonces cuando el contrario se puso en pie con lentitud observándome, y allí mismo  pude ver como presionaba sus labios con un ligero deje de nervios-

-Changmin… Me llamo, Changmin…  -Expresó y su voz me pareció un tanto corrompida.

Al instante me puse en pie con lentitud y le sonreí  con calidez mientras me hacía a un lado caminando hacia el armario frente a mí, procediendo de esa forma a abrir una de las puertas del mismo.  Dejé ver en ese lugar las miles de prendas ordenadas por gama de color, cada una en su respectivo gancho de ropa.

-Antes que nada… debemos cambiarte de ropa… ¿Qué solías usar antes? –Le cuestioné, mientras buscaba las tallas más grandes de camisa que poseía en aquel lugar, sin pensarlo dos veces, supe que pronto debía salir de compras ya que no poseía demasiadas prendas con tallas que excedieran la medida justa de mi cuerpo.  El chico, o más bien “Changmin” no parecía responder a mis preguntas, pero ya en un ambiente mucho más cálido, tomé una de las camisas negras que poseía en el armario y la coloqué sobre el cuerpo ajeno, midiendo aproximadamente el tamaño. Era perfecto y al chico le sentaba bien el negro.

-Ponte esto… -Le sonreí mientras dejaba aquella camisa sobre su hombro, dejando su respectivo gancho sobre la cama. Luego volví mi vista hacia los cajones inferiores del gran mueble, procediendo a ponerme en cuclillas para así husmear que pantalón le quedaría bien. Parecía tener sus piernas un tanto más fornidas que las mías, por lo que debía buscar algo que no le apretara demasiado.

Creí  encontrar el indicado, un shean de tonalidad azul obscuro y que me quedaba particularmente grande a pesar de ser relativamente al cuerpo. Lo dejé a un lado y tomé uno de mis bóxers en el último de los cajones, para así ponerme en pie una vez más. El contrario ni siquiera se había cambiado.

-Aquí tienes el resto… -Le expliqué dejando dichas prendas restantes sobre la cama mientras amagaba a salir de la habitación, pero Changmin ni siquiera se inmutó, me observaba de la misma forma al igual que la primera vez que nos vimos ¿Acaso era como criar a un bebé? “Ahh… “Suspiré y volví mi mirada al joven de la pequeña cola, estando dispuesto ayudarlo en la causa.  

Lentamente me acerqué y tomé el bóxer que minutos antes había dejado sobre la cama, colocándome frente a él, esperando que entendiera mis señas en cuanto dejé la prenda interior expuesta en el aire, expandiendo la misma un poco al ampliar los elásticos con mis manos. Pero como tampoco me extrañaba, el chico me miró y alzó una de sus cejas. A decir verdad parecía un idiota en medio de la habitación haciendo aquello, ¿Pero qué más? , resoplé.

-Pasa tus piernas por aquí… -Expuse y suponiendo que entendería dejé escapar otro agotador suspiro-

-¿Por qué?

Allí fue cuando sorprendí al escuchar como cuestionaba mis indicaciones, aunque por una parte me alegraba que poco a poco tomara confianza, por otra parte sabía que si el joven desarrollaba una personalidad exigente y quisquillosa, perdería autoridad  y tarde o temprano terminaría cansándome.

-Porque Yo lo digo. –Respondí un tanto cortante en aquella típica escusa que le dan los padres a sus propios hijos, mientras alzaba una de mis cejas observándolo.

El chico tan solo presionó sus labios en una especie de puchero, un tanto extraño a decir verdad, ya que parecía haberle molestado mi contestación, pero Changmin solo se acercó y tomó uno de mis hombros, como queriendo hacer equilibrio mientras pasaba sus piernas por los orificios del bóxer. 

Una vez terminada dicha acción lo observé mientras el moreno se acomodaba la prenda un tanto incordioso.
-¿Qué sucede?  -Pregunté volteando a ver su parte trasera ya que allí parecía residir el problema y de hecho allí estaba-

-Es incómodo… -Respondió tomando el borde de la prenda interior por la parte trasera y jalándolo hacia abajo. En aquel momento tragué saliva y corrí mí vista rápidamente al percibir como dejaba expuesto parte de sus glúteos. Cerré mis ojos con fuerza y reaccioné una vez más al ver como Changmin amagaba a quitarse la prenda. Lo detuve de inmediato.

- ¿Qué haces? No te lo quites, no puedes estar desnudo por toda la casa –Le expliqué frunciendo un tanto mi ceño-
-Pero es molesto… -El contrario imitó mi gesto mientras bajaba su mirada, finalmente  dejando en paz aquella prenda.  Pude observar como un ligero deje de decepción se impregnaba en sus facciones. Abultó sus labios como si fuese a llorar en cualquier momento.

Me sentí culpable, incluso con una cosa tan ridícula como esa… Debía tenerle paciencia, ya que claramente la situación no era nada cotidiana ni para mí, ni para él.

Fruncí mis labios y buscando con la mirada en todo el radio de mi habitación, divisé una pequeña tijera a un lado de mi escritorio en mi oficina. Con rapidez la tomé y volviendo donde el chico, me arrodillé detrás de él tomando parte de la tela del bóxer para así recortar un agujero de tamaño regular en el que su pequeña cola pudiese pasar, con cuidado de no lastimarlo.

Adiós bóxer nuevo, fue bueno conocerte.

Le indiqué al chico que acomodara su-… que se acomodara a su gusto mientras jugaba con el pequeño círculo de tela entre mis dedos.

-¿Así está mejor?

-Neh…  Gracias…


El joven Changmin acomodó su pequeña cola, dejándola pasar por aquel agujero hecho por el científico mientras acomodaba el resto de la ajustada prenda a sus piernas. Luego miró al pelinegro de cortos cabellos  y acto seguido, sus ojos se posaron en el pantalón que cubriría el resto de su cuerpo. 

Yoochun pisó la realidad nuevamente al comprender que el chico quería que continuara vistiéndolo y que no pensaba moverse del lugar. Al parecer niño reno sabía bien de que trataba aquello, pero no parecía querer hacer mucho al respecto.

Una vez más el joven científico tomó la prenda que se hallaba sobre la cama, y al igual que hacía unos minutos,  sostuvo la misma frente a Changmin, esta vez, arrodillándose un tanto para que el contrario pudiese vestirse cómodamente.

El más alto posó su diestra sobre el hombro del de Yoochun, para así hacer equilibrio una vez más, adentrando sus piernas en la prenda. En ese  momento el más bajo ascendió lentamente, haciendo que el pantalón se adaptara poco a poco al cuerpo ajeno, terminando por dar un suave tirón hacia arriba cuando se hallaba por la zona de cintura.

Entre ambos se produjo un ligero cruce de miradas, provocando que Yoochun aclarara su garganta, e intentando ser disimulado en aquel acto se acercó hasta él chocando sus cuerpos mientras arreglaba la prenda en la cintura del más alto por la parte trasera.

El joven híbrido desprendió un suave jadeo casi imperceptible al sentir la cercanía de ambos, el tacto ajeno, todos aquellos pequeños factores que para Yoochun parecían un tanto irrelevantes, para Changmin se volvían más que un roce. ¿Sería su naturaleza animal? Pues Yoochun no lo sabía, solo pudo percibir una vez más la respiración ajena contra su cuello, provocándole al científico un escalofrío general por todo su cuerpo, esta vez parecía como si el moreno quisiese acercarse más a él.

-C-changmin ¡¿Qué haces?!  -Exclamó separándose de inmediato entre molesto y confundido. ¿Confundido?  Así era, Yoochun estaba confundido y eso era precisamente lo que le molestaba.

El híbrido parecía sorprendido ante la reacción ajena, terminando él mismo por acomodar la prenda y abotonarla a la perfección un tanto apenado, dejando que su pequeña cola quedara apresada.

 Claramente sabía cómo hacerlo solo, pero solo guardó silencio ante el cuestionamiento del  contrario. Luego tomó la camisa que yacía sobre su hombro derecho, extendiéndola con lentitud para terminar de vestirse luego de unos minutos, aunque sin terminar de prender su camisa.

Rápidamente, Yoochun se alejó unos pasos de forma dubitativa, saliendo de la habitación con rapidez para finalmente dirigirse a la cocina.

Por otro lado, Changmin tan solo observó como la figura del contrario se disipaba en pocos segundos, limitándose a dar un pequeño recorrido con su mirada a todo lo que se hallaba a su alrededor.
Su vista se tornó un tanto lúgubre, de más estaba decir que se había sentido rechazado y por demás ignorado por el que ahora era su ‘tutor’, aquello le molestaba.

 Esperó algunos minutos antes de salir de la habitación y una vez efectuando dichas acciones, algo lo detuvo, una vez más su atención había sido capturada por el enorme y extenso mueble que se hallaba habitado por incontables libros. Pero de pronto algo lo despertó, como si se tratara de un fuerte pellizco en sus oídos, un ruido molesto. ¿Qué era aquello? Se preguntaba Changmin, sabiendo tan solo que dicho irritante chirrido provenía de la cocina, donde yacía el contrario.



A paso lento se asomó por allí, apegándose a una de las paredes mientras divisaba la espalda de Yoochun junto a la mesada. ¿Qué estaba haciendo allí y cómo era capaz de soportar aquel sonido tan molesto? , aquello fue lo que pensó el niño reno mientras espiaba a su semejante, entrecerrando sus ojos como si se tratase de algún tipo de misión. Claramente era la curiosidad hecha hombre… o híbrido.

Segundos después, Changmin pudo observar cómo el pelinegro a escasos metros de él servía café proveniente de aquella máquina infernal que desconcertaba sus sentidos.

Luego y tan solo en cuestión de algunos minutos más, Yoochun volteó para dirigirse a su oficina, pero lo primero con lo que atinó a encontrarse fue parte del rostro del híbrido que parecía husmear cada acción que éste cometía. Alzó sus cejas desprendiendo una pequeña risa de sus labios, por alguna extraña razón no podía permanecer de forma distante con él, aquel chico le hacía reír.

El joven científico caminó sin apuros, atravesando la cocina e incluso pasando a un lado de Changmin sin alterarse, para finalmente sentarse en una de las sillas que se encontraba presentes en el living.
 Una vez habiendo tomado asiento y cruzando sus piernas por debajo de la mesa, indicó al moreno que lo acompañara a través de una pequeña seña, esbozando una divertida sonrisa a la vez.

Changmin se acercó una vez más, tomando asiento frente a él mientras posaba sus manos por sobre sus propias rodillas, parecía algo tieso y aquello le agraciaba a  Yoochun después de todo.

Pero algo que llamaba la atención del ahora también reconocido como ‘tutor’, era la curiosidad persistente del chico en aquel mueble. En ese momento a Yoochun se le ocurrió una idea de la que ambos sacarían provecho. Aclaró su garganta y se dirigió al chico frente a él.

-¿Te gustan los libros?

-Mh… -Asintió-

-Hagamos un trato… por cada pregunta que respondas, te dejaré ver un libro ¿Qué opinas?
El chico observó a Yoochun y asintió una vez más, viendo cómo el contrario se ponía en pie repentinamente, acercándose a la biblioteca. No tardó en seguirlo, parándose unos centímetros tras él, con ligeros ademanes de timidez.



-Primero respóndeme y luego puedes escoger el que quieras ¿Está bien? – Cuestionó Yoochun, y tras la aprobación del joven frente a él, presionó sus labios en una mueca titubeante.- Dime, ¿Qué edad tienes?
Changmin lo observó por unos ligeros segundos y no tardó en contestar

- Veintitrés…

Casi de forma simultánea, una sonrisa surcó los labios del intelectual, haciéndose a un lado mientras efectuaba un ademán con su diestra, cediendo sus libros al menor. Éste escogió un libro con portada color rojo que se hallaba en el tercer estante frente a ambos, lo cual llamó la atención de Yoochun. Acto seguido, el dueño del mismo allí presente, tomó el libro en cuestión y dio un vistazo al título para saber de qué se trataba; “Medicina II”, parecía decir, y Yoochun rio, dado que el menor no entendería nada.

-Ven… -Le indicó al joven Changmin, acercándose a la mesa una vez más y acarreando una silla junto a la suya para que el menor tomara asiento junto a él, se dispuso a abrir el libro sobre la mesa. El chico siguió sus pasos, tomando asiento a un lado de Yoochun luego de que éste reivindicara su petición, palmeando la silla a uno de sus lados.

A decir verdad, Changmin no entendía demasiado o de hecho nada de lo que decía allí, simplemente se limitaba a observar durante varios segundos cada página, pasando a la siguiente con cuidado de forma constante.

Yoochun solo se dedicaba a contemplar las reacciones ajenas, tomando seriedad con respecto al asunto luego de haber pasado alrededor de 10 minutos desde que el más joven había comenzado a husmear aquel libro.

-¡Aquí tengo otra pregunta! –Inquirió Yoochun, logrando que el más alto lo observara de inmediato. -¿Sabes leer?-

Así es, el pelinegro de cabello corto no pudo con su intriga.

-Solo un poco… -Murmuró Changmin en un opacado todo de voz e incluso un tanto apenado mientras formaba una mueca en sus labios, al parecer aquel hecho del pesaba en algún punto.

-Oh… ya veo, si quieres puedo ayudarte… -Propuso Yoochun al contemplar la desilusión que portaba una pisca de misterio en sus facciones. Era la primera ‘persona’ que había conocido en su vida a la que parecía dolerle el hecho de no saber leer.

 Al chico mitad reno pareció agradarle la idea, de hecho fue allí cuando los labios de Changmin le dedicaron una sonrisa al más grande, denotando como uno de sus ojos se cerraba asimétricamente a comparación del otro. Por primera vez una sonrisa y Yoochun se contagió de ella casi al mismo tiempo.




Así fue como ambos habían pasado casi toda la tarde, aunque dado algún punto en el que Yoochun se aprovechaba inconscientemente de la situación, haciendo más preguntas que cediendo libros al menor. Pero a Changmin no le molestaba, por el contrario, le hacía sentir un grado de mayor comodidad en aquel lugar.

Cada libro había tomado alrededor de unos 20 minutos, más aun los que poseían dibujos ya que algunos (la gran minoría) eran libros ilustrados, otros simplemente poseían miles y miles de palabras sin el más mínimo rastro de algún esquema.




Luego de horas y horas de investigación, Yoochun había sido abrazado por el sueño sobre la mesa, reposando su cabeza sobre sus propios brazos flexionados en la misma. En su inconsciente, aquellas escenas de roce se resaltaban una y otra vez, soltó un bajó suspiro que lo hizo despertar lentamente, una peculiar tensión en sus piernas.

Poco a poco abrió sus ojos, tallando los mismos con una de sus manos mientras se enderezaba en la silla estirando los músculos de su cuerpo, Changmin no estaba allí.

Aquello provocó que el mayor diera un salto sobre la silla, casi cayendo mientras se ponía en pie comenzando a buscarlo por toda la casa. Revisó el baño, la habitación, la cocina, incluso la oficina pero el moreno no aparecía. Se maldijo a sí mismo.

De repente un pequeño y vagabundo ronquido se hizo presente, alarmando a todos los sentidos de Yoochun. Parecía provenir del sofá pero al voltear, el pelinegro no pudo divisarlo. Otra vez aquel ronquido, acompañado de un suspiro segundos después si no era en el sofá ¿Dónde?

Con lentitud se acercó hasta dicho mueble, y fue allí donde encontró a Changmin, más no encima de él, sino a un lado, sentado en el suelo abrazando sus piernas mientras su frente parecía reposar sobre sus rodillas. Yoochun aún sin salir medianamente de su asombro, se colocó en cuclillas, moviendo con suavidad uno de sus brazos mientras lo llamaba repetidas veces en un cálido tono de voz. ¿A quién le gustaría despertar de una forma tan histriónica?

Tras el cuarto llamado, el menor abrió sus ojos, alzando su rostro con levedad-

-¿Qué sucede?... –Murmuró-

-Yo debería preguntar, ¿Qué haces aquí? ¿Estás bien?

-Neh… Si lo estoy, solo fui a dormir, tenía sueño… lo siento –Bostezó el chico cubriendo parte de sus labios con uno de sus brazos-

-…

“Solo fui a dormir”, aquellas palabras resonaron en la mente de Yoochun una y mil veces sin siquiera hacerse una idea de cómo había sido la vida cotidiana del menor hasta el día anterior.
Sus ojos se entrecerraron, sintiendo un fino hilo de dolor en forma de puntada. Aquel chico, Changmin ¿Qué acarreaba tras inhibido ser?

Sin pensarlo un segundo más, Yoochun tomó al contrario por uno de sus brazos con suavidad, indicándole que se levantara. El más alto obedeció aún un tanto adormilado, siguiendo al mayor que parecía dirigirse hacia la habitación. Allí Yoochun quitó la camisa y pantalones ajenos con un tanto de seriedad en sus acciones. Luego de haber escuchado aquellas palabras, se sentía realmente responsable y completamente ignorante al mismo tiempo.

-Dormirás en mi cama –Dijo el joven científico mientras hacía a un lado las sábanas de la cama, indicándole al menor que se introdujera allí.

El chico un tanto confundido accedió sin objetar, sintiendo como casi al mismo tiempo era arropado por el contrario.

-¿Dónde dormirás tú? –Murmuró, ocultando su rostro hasta por debajo de su nariz.
-En el sofá estaré bien… tu descansa.-Sonrió Yoochun, tomando del armario algunas sábanas y mantas mientras se disponía a salir de la habitación.

-Buenas Noches…

-Buenas noches –Correspondió una vez más el científico, dirigiéndose finalmente al sofá para hacerse un lugar allí, pensando en miles de formas de vida que el menor había estado pasando mientras él dormía allí cómodamente. ¿Yoochun el bondadoso? Tal vez debía pensar un poco más al respecto de ahora en más.

Al terminar allí, sin siquiera desvestirse se arropó entre las mantas observando el oscuro e inmenso techo. Definitivamente, su vida había cambiado.

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Thursday, June 13, 2013

Capitulo 2



Eran alrededor de las 10:00 a.m. y después del incidente con el joven híbrido, aún siendo su nombre desconocido para mí, nos encontrábamos en la puerta de mi departamento.

El joven no reaccionaba aún, cubierto con aquellas sábanas blancas, observaba confundido sin saber porque nos habíamos detenido. Allí fue cuando volteó a verme, parecía molesto.

Lo observé un tanto confundido.  No tenía razones y debía agradecer que me estaba haciendo cargo de él… eso pensé hasta recordar el “Por qué” me estaba haciendo cargo. Suspiré y negué con ligereza, quitando la llave del auto.

-Vamos, hay que bajar ahora…-Al instante se negó y permaneció allí sentado, enrollado en aquella tela extensa y blanca. Otra vez las cosas se dificultaban.

Suspiré mientras me quitaba el cinturón, acto seguido quité el del chico a mi lado que aún parecía no entender el sistema de seguridad de un automóvil.

- ¿Tienes hambre?  -Cuestioné, ya que no veía otra forma de captar su aceptación. Fue en ese momento en el que el contrario asintió y al cuestionarlo una vez más con una simple pregunta;  “¿Quieres que haga algo de comer? “, el chico se acercó a mí como inspeccionándome. No sabía que quería exactamente, pero me quedé estático al instante sin necesidad de banas advertencias.

 Tragué saliva al sentir la respiración opuesta contra  mi cuello, desde arriba hacia abajo. Mi piel se erizó por inercia, sintiéndome incómodo, nervioso e incluso un tanto confundido. ¿Confundido? ¡Eish! Despierta Yoochun.

 En aquel momento, al haberse arrodillado en una posición cuadrúpeda por entremedio de los asientos del vehículo mientras continuaba olfateando aquella  depresión que formaba  mi cuello y mi hombro, denoté cómo las sabanas que cubrían al chico descendían lentamente dejando su cuerpo expuesto.  Fue entonces así, cómo dio lugar al debelo de la sábana, que cubrió parte de su asiento y de la alfombra del auto. Se acercaba más a mí.

En cuanto el chico se movió pude notar como su parte trasera yacía completamente al descubierto, tan solo llevaba aquella bata quirúrgica que suelen dar en los hospitales o pruebas, de un material ligero. Aún así, con tan solo observar su cintura alzada un ligero cosquilleo me invadió… prefiero no explicar dónde fue que lo hizo.

No obstante a pesar de dichas acciones, algo me dejó atónito… y fue allí donde entendí  la diferencia. De repente, una pequeña cola se alzó por la zona de su coxis. “¿Una cola?” Pensé.
Aquella extensión de su cuerpo parecía más bien de un recorte en forma de “Pica” y no es que sea aficionado a las cartas, tan solo es lo que pude asociar en aquel momento...

Poseía una tonalidad entre color marrón y canela, mientras aquella parte interna de la misma era de un color blanco intenso, incluso parecía el más intenso que jamás había visto… como el de un pequeño conejo.

¿Qué estaba pasando por la cabeza del joven aún incógnito? O más importante… ¿Qué estaba pasando por mi cabeza? Con tan solo pensarlo pude sentir un ligero escalofrío recorriéndome de arriba abajo sin remordimientos.

 Noté como despertaba de aquel shock de una forma repentina, al momento en el que el contrario presionó una de mis piernas con su mano al ejercer fuerza con su peso.

Por un momento lo observé a los ojos y ambos cruzamos la mirada… el chico no parecía inhibido, y lo que creía era aún más trágico, yo era quien sentía la urgencia de terminar con aquel contacto visual… Maldición, ¿Qué me pasa?, pensé una vez más y cuando quise darme cuenta, divagando entre toda clase de incertidumbres, de repente el  chico se hizo hacia atrás como si estuviese esperando por algo. Titubeé pero preferí no cuestionar sobre lo recién sucedido... parecía inmutado por haberse mostrado de esa forma, y a pesar de que no pude ver nada con claridad, aún sentía aquella puntada en varias partes de mi cuerpo.

-T-te haré algo de comer –Con rapidez bajé del auto y suspiré, desabrochando mi camisa, al menos hasta el tercero de los botones. Él continuaba allí mirándome, sentado ahora como un pequeño felino, pero no lo era… no, claro que no… ¿Se trataba de un niño-alce? Reí con levedad por un segundo, aunque sin saber si lo hacía por nervios o por simple necesidad.

Lentamente me dirigí hacia la puerta del departamento para abrir la misma, girando mi vista luego hacia el automóvil. El chico intentaba salir del auto de forma un tanto torpe, mordí mi labio inferior para no reír y me acerqué.

-Ven…- Extendí mi mano y me sorprendí al ver que cómo se negaba, al parecer era bastante arisco.

Me pregunté si se trataba de una típica relación humano-animal, o si acaso algo interfería en dicha definición. Por ahora, todo parecía incluso más que natural, era como un cachorro de animal doméstico, pero aún así debía recordar en qué situación me encontraba, y que la misma no era nada fácil.

Procedí a acercarme para finalmente adentrarme con lentitud al auto, viendo como se retraía a medida que extendía ambas manos hasta su cuello, me percaté de que estaba asustado cuando vi aquella impresión en su rostro, y simplemente forcejeó con ligereza. No había razón.

Con lentitud tomé los bordes del collar que rodeaba su cuello con aquellos caracteres “06-B” grabados en él, finalmente retirándolo. Me observó y posó una de sus manos en la zona antes afectada por dicho collar. Luego dejé el accesorio a un lado y me retiré lentamente para detenerme en la puerta nuevamente, observando desde allí al joven, invitándolo a pasar.

Como si se tratara de algún hecho inédito, observé como el “niño-alce” salía con cuidado y a la deriva del automóvil.

Sus manos se empuñaban en la parte inferior de su bata para así cubrir sus partes delanteras, caminando rápidamente y  descalzo, se acercó a mi observándome como en una especie de “permiso”, aunque segundos después y sin decir nada, se adentró en mi casa.

Pude notar cómo su parte trasera quedaba al descubierto por el diseño de aquella bata hospitalaria. Mi vista quedó tildada en aquella pequeña cola una vez más… No podía creer lo que estaba observando, pero luego de una pequeña sacudida y tras cerrar la puerta del auto, me abrí paso al departamento y finalmente me adentré en él. 

Me preguntaré una y mil veces, ¿En qué te has metido Park Yoochun? Maldije a mi hermano por un momento, pero aún me sentía culpable por los hechos.

-¿Qué quieres comer?


El joven moreno  permanecía observando todo de forma constante sin contestar, aún cubriendo su zona baja con la prenda mientras caminaba con lentitud por el living, que quedaba continuo a la entrada.

Yoochun seguía sus pasos, esta vez, cruzando sus brazos por sobre su abdomen mientras con su diestra cubría sus propios labios conteniendo una pequeña risa al ver cómo el contrario observaba todo entre impresionado y curioso. Realmente no tenía idea del porqué se comportaba así pero tras la inmutación del híbrido luego de su última pregunta, el joven científico suspiró y decidió ingeniárselas para deducir en resumen, qué podía ingerir su nuevo huésped. Sin más se dirigió hasta la cocina.

Por otra parte, aún con lentitud y total percepción de los movimientos,  el joven híbrido se desplazaba por el living, observando algunas esculturas que Yoochun poseía, y alguno que otro cuadro.

De pronto, el híbrido de cabello oscuro fijó su vista en un mueble, pero no era un mueble que solía verse con frecuencia. Se trataba de una biblioteca que abarcaba toda una pared desde el techo hasta el suelo, completamente ocupada por libros de diversos tamaños y contenidos. Libros que implicaban la instrucción de la carrera que Yoochun ejercía, tal vez algunos con temática policial y otros con simple contenido irrelevante.  Se acercó allí al instante y con lentitud aunque un tanto dubitativo mientras sus ojos se abrían observando los colores de los diversos libros que yacían allí.

Extendió una de sus manos hacia uno de los mismos, pero se retractó de forma inmediata y casi de forma vulnerable al escuchar como Yoochun llamaba su atención en un corto y preciso “Tch!”

-¿Qué haces? –Sonrió de forma divertida y expectante mientras se acercaba al joven con una taza de café en sus manos y algunas galletas en un pequeño plato. Durante los minutos que Yoochun  meditó en la cocina, dedujo que a pesar de no saber con detalle las preferencias y gustos del híbrido, nadie en el mundo podía negarse a un café con galletas ¿No es así? Pensó Yoochun por un momento antes de hablar una vez más mientras observaba al joven que ahora daba la espalda al gran y abarcativo mueble. – Ven. –Le indicó con una pequeña sonrisa el pelinegro de cabello corto mientras se aproximaba a la mesa de vidrio a un lado del living, dejando allí la taza del café y el plato de galletas.

Repitiendo una de las escenas anteriores, Yoochun tomó una galleta comenzando a comer con naturalidad mientras reposaba uno de sus brazos sobre la mesa y a la vez recostando su mentón sobre la palma de su mano. Continuaba observándolo como si buscara descifrar sus pensamientos.

-¿No sabes hablar? –Le cuestionó mientras aún permanecía observándolo con calma, sonriendo al notar como el chico se acercaba tomando asiento lentamente. El hibrido también observó los movimientos de Yoochun al mismo tiempo, y asomó su nariz a la taza de café para luego repetir la acción con el plato de galletas.

¿No parecía querer responder? ¿O realmente no sabía de qué se trataba el dialecto? Pero aún así el científico no parecía querer ceder a la posibilidad. Debía encontrar la forma de hacerlo hablar, y a pesar de que el chico estaba reaccionando de forma satisfactoria con respecto a lo sucedido, parecía negarse al  diálogo y aceptar medianamente el contacto. Yoochun resopló revolviendo sus cortos cabellos precediendo a extender su brazo sobre la mesa de repente. El chico que aún yacía con el cabello despeinado reaccionó hacia atrás con una de las galletas entre sus manos, abriendo sus ojos por demás mientras observaba la mano contraria la mesa un tanto reclinado.

En aquel momento los planes de Yoochun solo eran estudiarlo para encontrar la forma de poder comunicarse con él sin que le pareciera agresivo o hasta entonces, que el chico no lo encontrara como una amenaza, a pesar de que lo sucedido previamente en la cámara de pruebas hubiese restado varios puntos en la confianza que respectaba a su actual relación.

-¿No quieres el café? –Preguntó Yoochun y el joven lo observó  por algunos simples segundos, volviendo luego su respingada nariz hacia la taza, sintiendo el aroma del café más sin atreverse a dar un trago. El científico una vez más suspiró y con su mano aún extendida sobre la mesa, tomó la taza para acercarla a sus gruesos labios, tomando un pequeño sorbo de café. Luego extendió una vez más la taza hacia el chico para así denostarle que nada estaba fuera de lugar.

Ya eran alrededor de la 1:30 pm y Yoochun no había logrado si quiera arrebatarle una palabra. No sabía su nombre, su origen preciso, su edad y menos aún creía que podía obtenerlo de sus labios.
Dado aquel hecho, prefirió no forzar al joven ya que observándolo desde otro punto de vista, no debía ser nada fácil para él, y de hecho no lo era.

Aquel chico que resultaba ser una enorme incógnita, permanecía ahora en confianza mientras se alimentaba y bebía café de una forma un tanto extraña al intentar no quemarse con dicha sustancia. Debes en cuando su mirada se fijaba en el contrario de pelo corto para controlar sus movimientos con un toque de curiosidad y también de cautelosa precaución.

Finalmente y al percatarse de la actual situación, Yoochun decidió abandonar el lugar para internarse en un pequeña habitación a un lado de su cuarto, a la cual llamaba “oficina”. Una vez allí, tomó asiento detrás del escritorio.

 Aún debía probar que no estaba equivocado con toda la investigación que había llevado a cabo a lo largo de todos estos años, y además demostrarle a su padre que no era necesario aquel tipo de prueba… Después de todo aún se preguntaba qué eran los “híbridos” y cómo era que habían logrado poblar parte de su país, ya que al parecer era el único caso conocido en el mundo (Al menos a nivel público) y se sumaba el hecho de que la comunidad Coreana, deseaba ocultarlo y negaba remotamente  a tales seres como  parte de la sociedad.

¿Por qué? Era la pregunta. Al parecer Yoochun tendría días y días de investigación con respecto a eso, ya que su padre no decía más que las típicas frases repetidas por los individuos del país;” Son un error”, “No son parte de nosotros”, “Son solo animales”.  El científico se concientizó más en aquel momento que nunca del sometimiento de la raza humana hacia la animal, y por sobre todo hacia los sectores más bajos. Allí fue cuando la culpa lo invadió nuevamente, con el tan solo recordar aquel suceso en el experimento, la tortura que aquel chico había tenido que pasar… No dejaban en paz su conciencia.

Mientras tanto el sujeto clasificado por los científicos como “06-B”, dejaba el café a la mitad de la taza para seguir los pasos del dueño del lugar, escuchando como una puerta se cerraba a metros de él en aquella “oficina” privada. Volteó y observó la extensa cama que ocupaba lugar en el medio de la habitación, con cobijas color blanco y algunos diseños en gris. La ventana que abarcaba casi toda una de las paredes, comenzando a pocos centímetros del techo  hasta el suelo y finalmente cubiertas con extensas cortinas blancas.
Era una tarde en la que el sol podía hacer notar su presencia sin algún excesivo comentario y el chico aún con aquella bata quirúrgica tapando gran parte de su cuerpo, gateó con lentitud sobre la cama con una expresión claramente curiosa, mientras escuchaba el canto de los pájaros al otro lado de la ventana.

El armario que yacía habitación era de un tamaño inmenso, y probablemente con una cantidad de prendas inimaginables para un individuo de la clase media. Pero eso no parecía llamarle la atención al moreno, sino  aquella pequeña mesa de noche a un lado de la cama o más precisamente aún, el pequeño recipiente de cristal que disponía de aproximadamente la cantidad de un puñado de dulces. Los cuales Yoochun solía dejar a su propia merced en las noches en las que se hundía profundamente en cualquiera de los libros que poseía en aquella biblioteca antes mencionada.

Sin siquiera pensarlo dos veces, el híbrido alzó su pequeña cola de reno al estar interesado y dándole la espalda a la puerta donde rescindía en aquel momento el joven estudioso, husmeó en la pequeña cajita de cristal llenándose la boca diversos dulces de diferentes sabores.

Yoochun aún permanecía sumergido en miles de pensamientos y controversias que claramente no podrían responderse solas y menos al mismo tiempo. En aquellos momentos en los que necesitaba expresar diversos puntos de opinión y teorías, atinaba a escribir hojas y hojas de ensayos. Y en aquel momento, debía sacar provecho de su profesión y de lo que sus estudios habían cosechado, no obstante nunca podía faltar una taza de café. 

Por lo tanto se dispuso a salir de su oficina un tanto hiperactivo y fue allí cuando vio al  pequeño chico mitad reno con parte de su intimidad expuesta. Yoochun tragó saliva sin saber exactamente que decir y con un ligero rastro de temblor en su voz, exclamó;

-¡Hey! ¡¿Q-qué haces?!

De repente el chico que en aquel momento había sido descubierto en ‘ultraje’, volteó con sus mejillas llenas de forma acelerada, provocando de esa manera que  bajara atolondradamente de la cama, llevándose consigo la caja de cristal al suelo, terminando por romperse. Aquel sonido hizo que el joven híbrido se espantara acorralándose contra la pared tras retroceder mientras permanecía sentado en el suelo observando a Yoochun realmente asustado.

Yoochun lo observó con el ceño fruncido y se acercó hasta él. ¿Pero qué podía decirle? claramente había sido un accidente y no pretendía culparlo, tampoco tenía por qué hacerlo ni se sentía en derecho de reprenderlo. Dio tan solo algunos pasos hasta encontrarse frente al joven en el suelo y antes de que pudiese arrodillarse a su mismo nivel, el moreno comenzó a temblar, pudiéndose notar como sus ojos se volvían cristalinos y sus piernas acompañaban aquel temblor que se esparcía por su cuerpo hasta su mandíbula, como si estuviese viendo algún tipo de fantasma o demonio.

Nuevamente el morocho de cortos cabellos se sorprendió ante la reacción ajena, comenzando a juntar los pequeños trozos de cristal, para poder dejarlos sobre la pequeña mesita de noche. Luego volvió su vista  hacia el híbrido, quien continuaba apegando su espalda contra el rincón de la habitación, queriendo escapar de aquella situación.

-Tranquilo…- Murmuró Yoochun en un tono calmo para poder transmitirle aquella sensación al contrario, por lo que extendió su brazo hacia él con lentitud sin ningún movimiento brusco hacia una de las rodillas ajenas.

- A-a...anny… -Tembló el joven híbrido en un suave sollozo comprimiendo su cuerpo lo más que pudo mientras cubría su propio rostro con ambos brazos-



Yoochun entreabrió sus labios sin poder creer lo que estaba sucediendo… En un momento así ¿Por qué?


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Friday, June 7, 2013

Capitulo 1



 En ese momento sentí como un gran embrollo de sentimientos se apoderaban de mis pensamientos e incluso de mi sentir.
Como entre el miedo y la molestia tiraban de la fibra de mi coherencia, intentando apoderarse de mí por completo. La confusión que intentaba apaciguar la calma, la escasa calma que en ese momento intentaba contactarme.

No pude ver más, no quería hacerlo... realmente tenía miedo, y ahg, como odiaba admitir algo así, pero tenía que enfrentarlo.  ¿Qué era peor, sentirme un incompetente por no haber cumplido con mi trabajo al que le he dedicado años de mi vida, pura y exclusivamente?.. ¿O acaso sobrepasaba todo aquello el hecho de que nunca me había dado el gusto de concienciarme sobre la cruda realidad que estaba viviendo en aquel momento? Aquellos híbridos ¿Qué eran realmente? 

A prejuzgar por mi primera impresión podría decir que se trataba de un ser humano como cualquier otro. Aquel chico tenía sentimientos como los de cualquier persona. Pude notarlo en aquel momento en el que sus ojos llorosos me observaron con fijeza pidiendo a gritos que no procediera con el experimento que estábamos llevando acabo. Me sentía engañado y estúpido.
Pero no era culpa de mi padre, ni de mi madre, ni de ninguno de mis colegas. Yo era el culpable que había vivido en aquella comodidad, sorda y ciega comodidad.

Me preocupaban estos seres ahora, que las personas normalmente llamaban híbridos e incluyéndome entre esas mismas, ignoré su existencia por completo.

Alcé mi vista y solo pude ver la fiera mirada de mi padre segundos antes de darme la espalda. Mi madre mi miró con lástima, entre dolor y decepción para luego seguir los pasos de mi progenitor.

Luego ladeé mi rostro y fue allí cuando sentí un momento de tranquilidad atravesando mi pecho. Observé al joven y me acerqué a él, y aunque sus ojos aún seguían algo cristalinos parecía estar tranquilo si se analizaba la situación por la que había pasado. 

Con mi diestra acaricié sus negros cabellos, un  tanto descuidados y con un largo que no llegaba hasta los hombros, pero  si el tiempo procedía sin cambios, seguramente lo harían.

Me observó quizá entre asustado y enojado, pero  no reaccionó. Sabía lo que me esperaba ¿Pero ahora qué podía hacer? 

Uno de los secretarios de mi padre se acercó con un paso demasiado brusco, tanto que resonaba en aquella cámara con un impacto hasta un tanto molesto.  
- El Director quiere verlo, Park Yoochun.- Finalizó con una ligera venia antes de retirarse sin darme tiempo a negar o asentir. Suspiré.

-Es mejor que vayas... y te deseo suerte... -Comentó uno de mis compañeros allí, claramente preocupado. 

 Ambos miramos al chico en la camilla que parecía tener aún aquel síntoma de la droga de forma palpitante. La hipertensión.  

- Llévenlo al sector de Experimentación de sustancias. A mi oficina en el laboratorio. Cuando termine con mi padre, veré que hacer al respecto.- Dije y aquel asintió tomando la camilla junto al segundo colega allí para salir del lugar. Mi vista se perdió junto a ellos hasta sentir el golpe de la puerta cerrándose, como  si me despertara de un mal sueño.

Me tomé tan solo algunos minutos más para dar un ligero repaso mental a lo ocurrido y finalmente para darle paso a la angustia que en aquel momento me abrazaba como si fuese su más codiciado tesoro. Debía hablar con mi padre, y eso no era necesariamente bueno.

Me quité los guantes, junto  con el barbijo al pasar por la puerta y los deseché en un cesto de basura, dirigiéndome  sin más tiempo que perder hacia la oficina de mi padre. Intentaba no sudar.


Toqué la puerta.

- Adelante.

-Permiso... -Sabía de qué se trataba, no  era necesario preguntar. Después de todo era más que obvio. 

Cerré la puerta por detrás.

- Explícame lo que acaba de suceder.

-No-... no me dijiste que esos híbridos eran personas como cualquier otra.

-¿Personas cómo cualquier otra? Estás equivocado.

- No has visto al...-

-Ya basta. -Me acalló y no me atreví a disentir, nadie  disentía con mi padre y lamentablemente no me sentía en el papel de ser el joven rebelde del día.
-Lo siento... -Respondí y vi cómo se acercaba a mí observándome con fijeza. No sostuve la mirada mucho tiempo.

-Acabas de cometer un gran error, Yoochun. Un Gran error -Enfatizó  en aquella palabra y sentí como si un golpe se propinaba en mi rostro. Pero no era justo, ellos me habían mentido, aunque no era consiente de algunas obviedades, ellos no me habían tenido al tanto de la situación a un 100% de la realidad. Me sentí molesto y hablé.

-No es mi culpa, ese chico no podía ser víctima de un experimento. -Mi padre enfureció en cuanto vio como alcé la mirada, incluso intentando hacerle frente. Tragué saliva, pero no retrocedí  sobre mis palabras.

-¿Tienes idea de los problemas que tendremos por culpa de tu actitud?  Ahora todos hablarán de esto! Tuve que sobornar al maldito reportero para que no abriera la boca y ahora pedirá dinero cada vez que se le antoje!! – Oh sí, mi padre realmente estaba enfurecido conmigo, pero aun así no desistí. Sabía que en cierto punto tenía razón, pero debía escucharme al menos por primera vez en su vida.-

- Aun así, Padre, encontraré la solución a la droga, nada de eso cambiará… pero no podemos proceder a pruebas con otro tipo de-…

-No estás haciendo nada más que demostrar que sigues siendo un mocoso irresponsable. –Cortó mis palabras de forma tajante para luego continuar con un típico discurso de los suyos.- Haciendo todo el tiempo lo que quieres sin pensar en tus responsabilidades. Llegas tarde al trabajo siempre, sales día de por medio y duermes hasta tarde. ¿Qué clase de vida es esa? 

-Eso no tiene nada que ver c-…

Una vez más me interrumpió.

- Esto es más que salidas Yoochun, el día a día no es solo diversión y hasta aquí llegó la tuya. 

- ¿Qué? ¡No puedes-… -Exclamé molesto y antes de poder decir una palabra más e incluso de darme cuenta, una de mis mejillas ardía se sobremanera y mi rostro yacía ladeado hacia la derecha con ligereza. Me había abofeteado.-
- Me decepcionas.-

     No podía creer lo que mi padre estaba diciendo, después del esfuerzo que había requerido para llegar a dicha conclusión, todos los estudios, teorías descartadas…  y sus palabras eran esas. Tragué saliva y no me dispuse a responder otra vez.

- Ahora nos encargaremos de deshacernos de ese híbrido, si los medios se enteran de lo ocurrido, podría incluso producirse el quiebre de esta empresa. Elegiste un mal día para ser compasivo. –

Me dio la espalda, supongo que con intenciones de volver a su trabajo de forma paulatina.

-¿Deshacernos?... –Me atreví a cuestionar en un murmullo, aunque lo suficientemente audible como para que mi padre lo escuchara-
-Así es, enviaré a alguno de mis secretarios para que aplique la “inyección letal” y el barbitúrico paralizará su sistema nervioso sin siquiera sentir dolor.  De esa forma no podrás quejarte. 

- Padre ¿Vas a matarlo? –Murmuré completamente atónito, aquello, era realmente cruel y escucharlo de la boca de mi propio padre, lo hacía incluso más aberrante.- ¿No hay otra forma?

Mi padre se sonrió irónicamente  y me observó una vez más de forma tajante.
-¿Otra forma? No podemos permitir que ese animal esté suelto por la ciudad. E incluso si lo devolvemos de donde vino, podrían encontrarlo y extorsionarlo para que hable de lo sucedido. Claro que no hay otra forma. 

Suspiré una vez más y tragué saliva, me sentía completamente culpable e incluso angustiado. Ni siquiera una cifra contable expresaba la cantidad de veces que me maldije en ese momento.

-Hazte cargo de él. –Dijo una voz que no tardé en reconocer. Mi hermano se acercó con lentitud hacia el escritorio de mi padre por detrás de mí y luego se detuvo con ambas manos dentro de los bolsillos de su pantalón. ¿Había estado escuchando toda la discusión? O aun peor… ¿Qué era eso que acababa de decir? Sonrió y observó a mi padre, luego a mí.- Hazte cargo del animal y críalo. Después de todo lo importante es que nadie pueda encontrarlo suelto. ¿No es así? –Dirigió su mirada a mi padre y una sonrisa engreída se dibujó en sus labios. Cómo odiaba cuando se comportaba así… pero algo me llamaba aún más la atención  ¿Aquella idea de dónde había salido y con qué fin? No era normal en él ese tipo de actitudes, algo debía tramar. –

-¿Yo?

-¿Quién más? –Rió Yoohwan negando con su cabeza luego mientras mi vista ahora se fijaba en la suya. Al parecer mi padre estaría en desacuerdo, no era una persona fácil de convencer.

-Si no quieres que lo haga desaparecer, sigue los consejos de Yoohwan. –Maldición, ¿Desde cuándo?

-Te lo dije, hazte cargo y finaliza los estudios lo antes posible, tal vez si obtienes su confianza podrías lograr que él mismo se vuelva voluntario de la prueba.  –Concluyó mi hermano y mi padre pareció aprobar la idea, ambos, menos yo. En aquel momento me prometí jamás volver a hacer algo como eso. Al menos no sin concientizarme de todos los factores disponibles antes. De todas formas… ¿llevar al híbrido a mi casa? .Una parte de mi entró en pánico, queriendo disiparse de inmediato, pero mis pies permanecían bien firmes en el suelo, atados a la realidad. No tenía otra opción que acceder a las sugerencias de mi hermano y por otra parte, no quería que muriera, definitivamente no… Me sentía culpable.

-Está bien… -Suspiré y observé a mi padre que simplemente me dedico una indiferente mirada.-

-Bien dicho Hyung, ahora ve por él y sigue trabajando. También debo irme por hoy, asique te dejaremos en paz padre –Sonrió Yoohwan realizando una venia frente a mi padre con una sonrisa de oreja a oreja mientras me tomaba por uno de mis hombros, técnicamente arrastrándome hacia la salida. Incluso mi padre observó hasta que la puerta se interpuso entre nosotros una vez afuera.

 ¿Qué le sucedía ahora a Yoohwan? Aigo... 

- ¿Qué se supone que fue es-… 

-Cierra la boca y agradece que te salvé de que nuestro padre partiera un cajón en tu cabeza.- Al parecer hoy era el día de ‘Censuren a Yoochun’. Suspiré y agradecí de cierta forma a mi hermano.-

-¿Qué se supone que haré ahora?... ¿Criarlo? Podría hacer cualquier cosa e incluso tomar venganza contra mi… -Por un momento creí que me había metido en un problema aún mayor.

-Al menos ‘tu nueva mascota’ te mantendrá ocupado y no serán necesarias tus llegadas tardes al trabajo ni tus salidas día por medio. Ohh pobre Yoochun-hyung... Los bares te extrañaran al igual que las chicas.-Se rio en mi cara, y realmente quise golpearlo. Sabía que tramaba algo extraño pero meterse con mi vida, Aish... Park Yoohwan, eres un niño. 

-Por lo tanto… te dejaré solo por hoy, nos veremos mañana ¿Está bien? Conduce con cuidado ~ -    Y antes de que haber objetado Yoohwan me había dado la espalda para retirarse de allí… pero, ahora estaba solo en esto y peor aún, sin saber qué hacer.

Me dirigí a mi oficina en el laboratorio, intentando simular arena movediza bajo mis pies. Claramente no quería llegar allí y aunque me moleste admitirlo, no quería afrontar aquella situación.


 Más de un suspiro se apoderó de mí de camino al laboratorio. Podía sentir como mi corazón se aceleraba como un conejillo al acercarme cada vez más, al imaginar miles de cosas que podrían suceder  y de las que ahora yo era el único mentor.

La desesperación me abrazó con cariño cuando me hallé parado frente a la puerta de mi oficina. Sudaba.

Era increíble como en cuestión de algunos miserables segundos mis sentimientos e incluso miles de sensaciones revoloteaban por mi cuerpo, golpeando cada uno de mis órganos como queriendo sofocarlos hasta la rendición. 

Tomé la perilla de la puerta y la giré con lentitud, luego aclaré mi garganta entremedio de dichas acciones y pasé a la sala, cerrando la puerta por detrás antes de voltear  y recibir a la estimada realidad para que me golpeara en el rostro una vez más.

-Yoochun-sshi… -Mencionó uno de mis compañeros, antes presente en el hecho que desató tal discordia.

Lentamente alcé mi mirada y en un ligero suspiro observé el panorama. El joven permanecía sentado sobre la camilla con sus pies colgando de la misma, mientras sus ojos con forma de dos pequeñas lunas me observaban con fijeza con un sentimiento entremezclado entre miedo y rencor. Sus manos yacían atadas con una cinta y sus finos labios completamente sellados por acción propia. 


-Dime… 

- Me refería a ¿Qué es lo que harás?...

Por un momento mis labios se entreabrieron al actuar de forma involuntaria, pero a mi favor el razonamiento tomó mi boca con fuerza para cerrarla agresivamente.

-Mi padre ya ha dado las órdenes, solo debo proceder… -Contesté.
Estaba claro que lo que haría con aquel joven había quedado entre las paredes de la oficina de mi padre, y nadie más debería saberlo, excepto los allí presentes.

-Está bien, es decisión del director… Realmente lo siento Yoochun-Sshi.
-No, no... No tienes por qué sentirlo. Gracias por todo… Me llevaré al… -Fruncí mis labios apenas al no saber cómo llamarlo, ni siquiera sabía si el joven moreno  tenía nombre. Pero mi colega entendió y se retiró de allí.- 
Al oír la puerta cerrarse tras él, suspiré un tanto aliviado, pero el chico seguía observándome, al parecer con demasiado detalle… cada acción que realizaba era seguida por sus pupilas.

Me acerqué a él e intenté indicarle que bajara de la camilla, nos iríamos a mi casa en aquel mismo momento… después de todo no había más tiempo que perder en nada. Pero faltaba algo.

-¿Cuál es tu nombre? –Pregunté de forma un tanto cortante, pero la verdad era que el que se encontraba realmente asustado era yo. 

No contestó, pero obedeció a mis señas. Fue allí cuando me percaté de que aquél chico medía al menos una cabeza más que yo. Su cuerpo era bastante estructurado y a primera vista lo suficientemente fuerte como para enviarme lejos de mi amada conciencia con tan solo un golpe si deseaba vengarse. Preferí tener cuidado, ¿Pero qué más da? Ahora estaba aún más nervioso. 

Finalmente con la incógnita del más alto y con los nervios que no dejaban de bromear a mis espaldas esparciendo escalofríos por mi espina dorsal de vez en cuando, lo oculté con algunas sábanas y obligué al joven a seguir mis pasos hasta el subsuelo por la parte trasera del edificio a la que solo el personal tenía acceso.  

Tan solo debía bajar dos pisos  y todo estaría hecho, una vez en mi auto no habría más riesgos.

Aun así podía escuchar las risas presentes de mis pensamientos contradiciéndose el uno al otro en un constante vaivén de opiniones, claramente, mis nervios aumentaban y el chico a mi lado no era un factor menos.


-Ven por aquí… -Indiqué y tampoco contestó, más siguió mis pasos por las escaleras. Lo guié por uno de sus brazos aunque estaba cubierto por sabanas. No quería que se resbalara o algo por el estilo, ya había sido suficiente por hoy para él. 

Al llegar al subsuelo sin ser vistos en consecuencia de mis ágiles movimientos y tácticas improvisadas, corrí con él aun tomándolo por la muñeca hasta llegar a otro de mis autos que yacía en el estacionamiento. Vidrios polarizados, jamás amé tanto un par de simples palabras. 

Rápidamente me dirigí al lado derecho del automóvil y abrí la puerta quitando la alarma rogando que nadie notara nuestra presencia, aunque no era algo cotidiano encontrar un joven de 1,80 aproximadamente cubierto en sábanas blancas con tan solo sus ojos y nariz al descubierto.
Cuando lo observé, le indiqué que entrara y al instante pareció negarse. 
Retrocedió.

-Anda… entra, no te haré daño… -El joven frunció su ceño y se negó nuevamente, aunque parecía asustado una vez más. 

¿Qué haría ahora? ¿Por qué en un momento como este donde todo estaba marchando a la perfección? Maldita sea. 

En aquel momento en mi cabeza resonó un pequeño “clic”, deduciendo que el instinto debía ser en parte el  típico comportamiento tanto de un ser humano como el de un animal luego de una situación estresante. 

-Toma… -Fue allí cuando de mi bolsillo saqué un dulce color rosado con algunos detalles en amarillo. Acostumbraba comer ya que mi garganta se secaba con facilidad tras los largos discursos. El moreno cubierto en sábanas me miró con ligera intriga e incluso ladeando su cabeza en tanto.
Saqué otro caramelo de mi bolsillo,con diferentes y contrastantes colores,pero aún seguía sin llamar su atención.
Coloqué en mi mano al rededor de 15 caramelos que llevaba conmigo,pero el joven continuó allí tieso y sin moverse.
Suspiré, pero justo en el momento en el que decidí guardar los dulces,el contrario dio un paso hacia adelante,como si no quisiese perder la vista de aquellas golosinas. 

Bingo.


Lentamente caminé hacia atrás, atrayendo de esa forma al joven para que siguiera mis pasos, y de hecho así fue hasta percatarse de cómo abría la puerta del auto. Una vez más se quedó allí mirándome.
 En cierto punto hasta allegaba a asustarme,con aquellos ojos color café que parecían analizar e incluso develar secretos con tan solo posar su curiosa mirada. 
 Al parecer no le agradaban los autos... ¿Desconfiaba? Pensé que estaba haciendo las cosas bien hasta entonces.

De repente recordé la escena de una película , y si, es incluso hasta estúpido, pero dado aquel hecho,tomé uno de los caramelos y quité el papel con tranquilidad,demostrándole que no había nada que temer con aquello, a pesar de ser simples caramelos, ni siquiera podía imaginar lo que pasaba por la cabeza del aquel chico.
  Mordí la mitad del dulce,y extendí mi mano.

¿Ves? No he muerto o algo así.. Es seguro,toma... -Alcé un tanto mis cejas y lo observé de forma sincera, después de todo no había ningún tipo de trampa tras esto.

El chico bajó la mirada y luego se acerco con lentitud ,dudando un poco en si tomarlo o no,pero haciéndolo finalmente de todos modos mientras posaba el caramelo entre sus finos y algo resecos labios. 

Finalmente dejé el resto de los caramelos sobre el asiento del automóvil  el de copiloto para ser más preciso.Y en cuestión de segundos el moreno se adentró en éste completamente cegado por el sabor del dulce en su boca, tan despistado en aquel momento que incluso a la hora de cerrar la puerta tras él , se apegó a la ventana como un cachorro asustado. Aquel gesto me pareció incluso tierno.
Empuñé ambas manos y las coloqué a cada lado de mis mejillas ,empleando el típico aegyo 'Biung biung' frente a él.Rompí a reír y antes de darme cuenta, estaba sonriéndole. 

Di la vuelta al auto para abrir con rapidez la puerta del piloto y cerrarla en cuestión de segundos junto al movimiento que conllevaba tales acciones. El chico me miraba con los ojos bien abiertos y relamí mis labios intentando controlar una pequeña y escurridiza sonrisa.

Tras algunos minutos intentando tranquilizarlo y enseñándole a utilizar el cinturón de seguridad, me puse en marcha hacia mi hora. Hogar dulce hogar… ¿Lo sería? No lo sé, no sabía en qué estaba metiéndome con certeza.

Aquel misterioso joven continuó observando todo alrededor en el vehículo, al parecer por la forma en la que todo pasaba con rapidez ¿Nunca había estado en un auto o algo por el estilo? Parecía un tanto atontado y a decir verdad por la velocidad que tomé en aquel momento,solo tardaríamos algunos minutos… pero por alguna extraña razón y por lo que a mí respecta… me atreví a decir que el chico estaba más relajado… incluso yo lo estaba.

Ahh,Park Yoochun… ¿En qué te has metido?...

-Finalmente detuve el auto frente a mi departamento. Y luego de un silencioso viaje y soltando un ligero suspiro le dirigí la palabra.- 

-Llegamos...


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